El buey y la mula: una arrogante superficialidad

 

EL BUEY Y LA MULA: UNA ARROGANTE SUPERFICIALIDAD

 

Nunca hubiera imaginado que el estímulo para reanudar mis entradas en este modesto y descuidadísimo blog, me fuera a venir, nada menos, que de una publicación firmada por J. Ratzinger-Benedicto XVI. Pero confieso que los comentarios que ha suscitado la referencia al buey y la mula del portal de Belén en su libro sobre los relatos evangélicos de la infancia de Jesús, han podido con mi imperdonable (e imperdonada por no pocos amigos) pereza para escribir.

El asunto es muy sencillo: las narraciones que nos ofrecen los evangelistas Mateo y Lucas sobre el nacimiento de Jesús, son de una belleza tal, que de no existir, habría que inventarlos. No obstante, esa singular belleza va unida enigmáticamente a una mortificante sobriedad literaria, lo cual puede resultar paradójico y hasta contradictorio si se quiere, pero es así.

Nada tiene de particular, siendo así las cosas, que la recepción posterior de estos relatos haya encontrado en lectores con imaginación, una invitación al complemento y la ampliación por vía de  fabricación de leyendas con capacidad de adornar y embellecer, todavía más, los escritos originales.

Nadie ha podido leer nunca en los evangelios de la infancia de Jesús ninguna referencia a esos célebres animales de que hablamos, sin los que -justo es reconocerlo- nuestros nacimientos perderían no poca gracia. Como nadie puede, con los textos en la mano, afirmar que los de Oriente son reyes, ni que uno de ellos era negro, otro rubio y otro más o menos albino. Y nadie puede hacerlo, por la sencilla razón de que esos elementos están ausentes en los textos.

Pues bien, el Papa, al escribir su documentado y profundo libro, no hace sino constatar la realidad textual que comenta, sin entrar a valorar -ni mucho menos a pretender abolir- los elementos legendarios que la literatura apócrifa y la imaginación popular han añadido con posterioridad para paliar la sorprendente sobriedad de los textos originales.

Pues  he aquí que, publicado el papal libro en castellano, a penas transcurridas unas horas, la maquinaria mediática se pone en marcha para pregonar a los cuatro vientos que el Papa "se carga" al buey y la mula -dos por el precio de uno- en su nuevo libro sobre Jesús.

¿Hasta cuándo, me pregunto, tendremos que aguantar en esta España nuestra la acumulación de ignorancia y superficialidad en los que tienen el control diario de los medios de comunicación? ¿Es que no es posible que radios y televisiones, periódicos y revistas, tengan en plantilla por lo menos a un profesional que sepa de qué habla cuando de noticias "religiosas" se trate? ¿Y qué decir -prefiero no dar nombres- de relevantes plumas o voces que se han lanzado a disparatar sobre este asunto con tanto dogmatismo como estupidez?

Cabría tomarlo con humor, pero no es fácil. El analfabetismo religioso (la Biblia sigue sin leerse mayoritariamente en España, no nos engañemos) va de la mano de una arrogante superficialidad que, en su conjunción, forman un cóctel de no desdeñable peligrosidad cultural, y tal vez, no solo cultural.

 

Federico de Carlos Otto en