CANTAR EL SALMO

Los salmos son la parte más lírica de la Biblia. Muchos de ellos llevan la indicación de los instrumentos con que deben acompañarse. Son para cantar. No para leer.

 

 

En la reordenación del leccionario, fruto del Concilio Vaticano II, se introdujo el salmo después de la primera lectura para ser interpretado en forma responsorial: un salmista cantila los versos y la asamblea responde con una breve melodía.

 
Pero despúes de 25 años de esta restauración del salmo, nos encontramos con que normalmente el salmo sigue siendo leído, no cantilado. A lo sumo se canta la respuesta (la asignada en el leccionario u otra equivalente). ¿Cuáles son las causas de esta anomalía?
 
LA PROBLEMÁTICA DEL SALMO RESPONSORIAL
l°.- En la práctica es difícil encontrar personas aptas para la cantilación. Si en las parroquias a veces ya es difícil encontrar buenos lectores, qué será encontrar buenos salmistas (que puedan cantar en solista, de forma que se entienda lo que cantan).

2°.- La cantilación misma musicalmente es muy pobre. Lo es deliberadamente. La música está totalmente al servicio de la palabra. Renuncia a tener ritmo propio para adaptarse del todo al ritmo de la palabra. Los que hemos sido educados en la cantilación de textos a base de recitativos gregorianos, nos encontramos cómodos en ella. Pero las nuevas generaciones, acostumbradas al ritmo medido y cada vez más obsesivo de la música popular actual, encuentran la cantilación poco atractiva por no decir anacrónica y, por culpa de ella, muy a menudo eliminan el salmo y lo sustituyen por un canto cualquiera. Si el problema reside en el tipo de música utilizada, ¿por qué no intentar cantar los salmos de otra manera?

La cantilación es cómoda de diseñar para el compositor, porque resuelve fácilmente todos los problemas de colocación del texto. Pero precisamente por ello, es difícil para el intérprete, que tiene que solucionar, él solo, esos problemas de colocación del texto en las cadencias.