DURACION DE LOS CANTOS DE LA MISA

  Muchas veces asistimos a las Misas de nuestras parroquias y notamos que el sacerdote y los ministros llegan al presbiterio y se ubican en sus respectivos puestos y tienen que esperar a que el coro termine de cantar el cántico de entrada con todas sus estrofas. Muchos sacerdotes incluso fomentan esta extensión. También notamos con cierta regularidad que el sacerdote se lava las manos (en el rito de la presentación de las ofrendas, comúnmente llamado “ofertorio”) y tiene que esperar a que los cantores terminen de cantar el cántico correspondiente. Incluso muchas veces el sacerdote quiere continuar la Misa y el coro inicia otra estrofa del cántico en cuestión, alargando sin necesidad la presentación de las ofrendas y la preparación del altar. ¿Cuánto deben durar los cantos procesionales de la Misa, es decir, de entrada, presentación de las ofrendas y Comunión? Partamos de la Ordenación General del Misal Romano (OGMR), introducción que nos ofrece el orden a seguir y el sentido de cada elemento de la santa Misa. La OGMR 37 destaca que hay cantos que son en sí mismos ritos, como el “Gloria”, el salmo responsorial, el “Aleluya” o verso antes del Evangelio, el “Santo”, la aclamación de la anamnesis (este es el sacramento de nuestra fe…) y el canto después de la Comunión. También este mismo número explica que hay cantos que acompañan un rito, como lo son el canto de entrada, de la presentación de las ofrendas, el “Cordero de Dios” y el de Comunión. Los cantos procesionales no constituyen en sí mismos ritos, sino que acompañan un rito (el “Cordero de Dios” no es un canto procesional, pero acompaña el rito de la fracción del Pan y se extiende mientras dura este rito –Cf. OGMR 83- ). Por ende no tienen la misma importancia de los cánticos rituales, sino que están subordinados a los ritos que acompañan.

     El cántico de entrada, entre otras cosas, tiene la función de acompañar la procesión de entrada de los ministros (Cf. OGMR 47). Esa fue la razón principal por la que surgió este cántico en el siglo V en las liturgias papales de Roma. Por ende dura lo que dura la procesión de los ministros y la incensación del altar (cuando la hay). Una vez terminado este rito, el canto de entrada debe de concluir, evitando añadir estrofas sin necesidad. Claro, el canto no debe concluirse abruptamente, sino en el momento oportuno, respetando la forma musical del cántico y el rito que está acompañando. El director del ministerio de música debe estar muy pendiente del rito para dar la señal de concluir en el momento oportuno. Una alternativa razonable para cuando el cántico deba ser concluido antes de finalizar la procesión y la incensación (porque el añadir otra estrofa implicaría una extensión excesiva del canto de entrada) es recurrir a la música instrumental (excepto en Adviento y Cuaresma y misas de difuntos –Cf. OGMR 313 y Músicam Sacram 66-). Algunos acordes en la guitarra u otro instrumento musical son una alternativa viable.

 

     El cántico para la presentación de las ofrendas ha de prolongarse por lo menos hasta cuando los dones hayan sido depositados sobre el altar. Las normas sobre el modo de cantarlo son las mismas que para canto de entrada (OGMR 74). Este cántico puede extenderse mientras se prepara el altar, se inciensa el mismo (cuando se usa el incienso) hasta que el sacerdote se lave las manos. El mismo criterio usado para el cántico de entrada se puede usar aquí.

 

     Mientras el sacerdote comulga, comienza el cántico de Comunión, que ha de durar mientras se distribuye el Sacramento a los fieles (Cf. OGMR 86), por lo que no debe prolongarse mientras se estén purificando los vasos sagrados. Si se ha de tener un himno después de la Comunión, el canto para la Comunión debe ser terminado oportunamente (Ib).

 

     El cántico de salida no está contemplado en la OGMR: no hay una legislación al respecto. Normalmente este cántico, al igual que los cánticos procesionales, acompaña la procesión de salida de los ministros. Mientras se canta, los fieles pueden o quedarse cantando o ir saliendo del templo. Ya la asamblea está disuelta (“pueden ir en paz”), por lo que no se le puede obligar a permanecer en la iglesia.

 

     Los cánticos procesionales están, pues, al servicio del rito que acompañan y han de ceñirse a estos ritos. No constituyen ritos en sí mismos. Que mediante el conocimiento de la naturaleza de los cánticos que cantamos en nuestras eucaristías podamos vivir mejor el sacramento de nuestra fe.