Ficha técnica "Campeones"

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CINEFORUM DE VALORES (VIII TEMPORADA, 39.ª SESIÓN)

 

 “Campeones” 

17 de febrero de 2019 a las 18:00 horas 

FICHA TÉCNICA    

Dirección: Javier Fesser. Guión: David Marqués, Javier Fesser. Duración: 120 mins. País: España. Año: 2018. 

SINOPSIS 

Marco es el segundo entrenador de un equipo de baloncesto de la primera división española. Tras discutir violentamente con su superior durante un partido es cesado de sus funciones y, en estado de embriaguez, sufre un accidente de tráfico. La juez lo condenará, como pena en beneficio de la comunidad, sustitutoria del ingreso en prisión, a entrenar un equipo de baloncesto integrado por personas con discapacidad intelectual. Comenzará para él una nueva singladura, de la mano de tan especiales deportistas y en el marco de una seria crisis de pareja. 

UN NUEVO ENFOQUE: EL MODELO SOCIAL DE DISCAPACIDAD 

Históricamente en las sociedades occidentales ha dominado el modelo individual o biomédico de discapacidad, que parte de una anormalidad física o psíquica que causa una discapacidad o limitación funcional, necesitada de curación y rehabilitación por especialistas médicos. Sin embargo las últimas tendencias sociales cuestionan la interpretación anterior, distinguiendo entre deficiencia y discapacidad. Mientras que la primera es la carencia o imperfección de un miembro corporal, la segunda es la restricción de la actividad causada por una organización social que no tiene en cuenta a las personas con deficiencias físicas, sensoriales o intelectuales, las estigmatiza y las excluye de la participación social. La discapacidad así entendida no se considera un problema del individuo sino existente en función de las barreras sociales y culturales en diversos ámbitos (laboral, educativo, etc.). Los teóricos del modelo social encuentran el origen de estas barreras en una escala de valores materialista y economicista, basada en el éxito laboral, el culto al cuerpo, el perfeccionismo, la competitividad, el dominio y el triunfo social.

Esta película se adscribe sin lugar a dudas al modelo social de discapacidad, huyendo tanto del dramatismo como de la risa fácil, el absurdo o el ridículo. La puesta en escena, rebosante de ternura y humor, de situaciones esperpénticas o surrealistas, constituyen la antesala de una reflexión creíble a la par que profunda en torno a la discapacidad. Para ello plantea el reto de la sensibilización social desde tres perspectivas. Por un lado la urgencia de visibilizar la realidad de unas personas a las que muchos todavía se acercan con miedo, desconocimiento o prevención, siendo el deporte un instrumento socializador formidable para integrarlos. Por otro, la inexcusable naturalidad, arrumbando prejuicios y estereotipos que oscurecen la sinceridad, honestidad y transparencia en las relaciones humanas. Finalmente la alegría y optimismo contagioso de unos protagonistas que rezuman vida y reclaman (nos reclaman) respeto, acogida y reconocimiento de su dignidad. Ellos también encarnan sueños, preferencias y necesidades. 

¿QUIÉN ES DISCAPACITADO?

 Marco se nos presenta como un proyecto vital en desmoronamiento. Tiene problemas en el trabajo, con su pareja y con casi todo lo que le rodea, motivados por una insensible actitud ante la vida que adolece de soberbia y falta de inteligencia emocional. En el fondo esconde un miedo a la incertidumbre y a la asunción de nuevos compromisos y responsabilidades (vivir en pareja, la paternidad,…), a crecer, en definitiva. Con el sabio consejo del director del centro, afable y cordial, al que pertenecen los chicos, Marco acaba percibiendo que éstos, más allá de su discapacidad, son más felices e independientes que él pues carecen de ataduras que, como las suyas, impidan su plena realización personal. Lo que comienza como un castigo o redención de culpa se acaba convirtiendo en una lección de vida que relativiza el concepto de “éxito personal”: las personas no son un medio para esto último sino un fin en sí mismas. 

Bajo la premisa básica de la humildad, todos tenemos capacidades diferentes y podemos aprender y enseñar recíprocamente en un proceso multidireccional. El entrenador les enseñará a formar parte de un equipo y a disfrutar y progresar en el deporte, mientras que ellos le instruirán a ser más humano, a exhibir empatía, a mostrar sus emociones, a valorar el amor y cariño de quienes le rodean y a degustar el maravilloso don de vivir. Y es que las personas con alguna discapacidad pueden transmitir sabiduría de vida a las aparentemente capaces: asumir los problemas y los logros con ilusión y alegría, compartiéndolos sea cual sea su resultado final. Por encima de etiquetas sociales todos tenemos discapacidades (físicas y psíquicas, pero también afectivas, emocionales o sociales) que se pueden sanar o al menos mitigar y con las que tenemos que lidiar para seguir progresando a lo largo de la existencia. Esta tarea (superarse y mejorar) no es grata “per se”, pero puede comenzar a serlo cuando la conectamos con una nueva forma de entender la vida, centrada no en el logro de objetivos tangibles sino en transitar por ella con auténtico sentido humano en la compañía solidaria de los demás. 

La apertura fraterna consiste en confiar en el otro, descubrirlo como persona, reconocer sus aportaciones valiosas, dejar que influya en ti y, como colofón de este proceso, amarlo. Hay que “abajarse”, como Jesús, para descubrir los valores que nos salvan (amistad, compañerismo, humildad, bondad, generosidad y sentido de pertenencia), porque los más débiles (los que carecen de las capacidades de las que presumimos los demás) nos enseñan a dilucidar lo que verdaderamente importa, a vislumbrar las auténticas capacidades. Éstas son las que todos atesoramos como hijos de Dios y creados a su imagen: aptitud para amar, vivir y acompañar, aunque a menudo nos empeñemos en eclipsarlas en favor de otras supuestas habilidades falsamente felicitantes cuyo desarrollo descontrolado nos empobrece como personas. 

Finalmente la película permite atisbar tangencialmente un debate complejo: la eugenesia y sus consecuencias. No es éste el lugar para el análisis de tan sumamente delicada cuestión. Basta reflejar el comentario que uno de los miembros del equipo (Marín) dirige a Marco: “a mí tampoco me gustaría tener un hijo como nosotros. Lo que sí me gustaría es tener un padre como tú”. Y el círculo se cierra cuando el mismo personaje real (Jesús Vidal), al recoger el Premio Goya “Al mejor Actor Revelación”, afirma que “a mí también me gustaría tener un hijo como yo, por tener unos padres como vosotros”. Aquí late el maravilloso y profundo misterio de la paternidad y de la filiación. 

En suma nos hallamos ante un mensaje esperanzador. Por encima de limitaciones, no solo todos somos iguales sino que además la transformación es posible en el sentido de brillar hasta conseguir nuestros propósitos. Para ello las discapacidades, aun importantes no son siempre decisivas. De nosotros depende que elijamos aquellas finalidades genuinamente humanizadoras.