Ficha técnica "La Cabaña"

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CINEFORUM DE VALORES (VII TEMPORADA, 37.ª SESIÓN)

 

 “La cabaña”

 

17 de junio de 2018 a las 18:30 horas

 

FICHA TÉCNICA   

 

Dirección: Stuart Hazeldine. Guión: John Fusco, Andrew Lanham y Destin Daniel Cretton (basado en la novela homónima de William Paul Young). Duración: 132 mins. País: Estados Unidos. Año: 2017.

 

SINOPSIS 

Mack Phillips goza de una vida casi perfecta en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Está felizmente casado, sus hijos crecen sanos y alegres y cuenta con un buen trabajo y un estimable nivel de ingresos. Pero un verano, durante unos días de descanso en un campamento de las montañas de Oregón, su hija pequeña, Missy, desaparece. Todo parece indicar que ha sido víctima de un asesino en serie largamente buscado, aunque el cuerpo no aparezca jamás.

 Años después de la tragedia Mack, sumido en una profunda depresión, es convocado misteriosamente a un lugar maldito para él: la cabaña donde se encontraron las evidencias físicas del crimen. Acude con el temor de que sea una iniciativa del asesino, pero intrigado al mismo tiempo porque la forma de la llamada apuntaría a que fuera obra de Dios. Allí encontrará, tras un duro momento de evocación de su hija y de rebelión contra el Creador por su muerte, a tres personas: una mujer negra, un hombre joven de apariencia palestina e indumentaria de trabajador y una mujer de aspecto grácil y rasgos asiáticos. Estos tres personajes representan a las personas de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

UNA TERAPIA PARA LA SANACIÓN DEL DOLOR 

Esta película conmovedora se basa en una novela de William Paul Young, hijo de misioneros protestantes y víctima de abusos sexuales en su infancia. La obra, pues, tiene un cierto sentido autobiográfico que la dota de mayor verosimilitud. Asimismo el credo protestante del autor justificaría la total ausencia de referencias a la institución eclesial, optando por una visión espiritualizada, intimista y mística de la religión.

 Comienza con "la gran tristeza”, una enfermedad que corroe el alma y a la que Mack no consigue adaptarse. Al lacerante dolor por la ausencia de la niña se añaden las preguntas sin respuesta que dirige a Dios ante el inexplicable triunfo de la iniquidad sobre la inocencia: la razón de ser del sufrimiento y el sentido de la vida en general. Es aquí donde la película propone con valentía un planteamiento diferente: los hombres sólo cuestionamos a Dios cuando lo que nos sucede no se ajusta a nuestros deseos. 

La original antropomorfización de la Trinidad pretende, a modo de estrategia visual, poner en tela de juicio nuestras concepciones sobre Dios y de su inactividad cuando la desgracia penetra en nuestras vidas. El escenario para ello es la cabaña, lugar de escucha, diálogo y encuentro: en definitiva, de mesa compartida y de comunión. En la conversación teológica con Mack se explica en qué consiste la vida trinitaria y cómo interviene Dios en el mundo, según un plan desconocido para los hombres pero que siempre está guiado por el amor infinito de quien es Creador, Redentor y Santificador. Ellos le enseñarán a enfocar su dolor de otra manera y a descubrir el poder sanador del perdón, incluido el referido a uno mismo y a los crímenes más horrendos.

 Comentaba el Padre Pío que los hombres contemplamos la realidad como un niño sentado bajo el telar donde su abuela teje un dibujo con ovillos de lana. El pequeño solamente ve un abigarrado, informe e incomprensible conjunto multicolor de hilos sueltos. Sin embargo la abuela por encima percibe la lógica, el sentido y el esplendor de la obra. Así contempla Dios el mundo: cada hilo tiene su razón de ser, aunque visto desde abajo pueda parece absurdo. Como le dice en un momento dado Dios Padre a Mack, "cuando lo único que ves es tu dolor, me pierdes de vista".

 Queremos justificar la realidad en la que vivimos a través de una visión incompleta. Nuestro error estriba en que no admitimos que Dios es bueno y que absolutamente todo lo que Él hace (en términos de fines, medios y evolución de cada una de sus criaturas) está previsto para nuestro bien. Cómo se articula exactamente ese amor incondicional e inconmensurable constituye un misterio que no podemos comprender en su plenitud: en última instancia debemos confiar en la bondad de Dios, incluso ante males y sufrimientos que escapan a nuestra racionalidad limitada. 

Son indudables las ventajas de mostrar de forma personificada al Dios trino. Éste no es un poder distante, como en el deísmo, sino alguien que nos conoce íntima y personalmente y con quien podemos entablar una amistad. Robert Barron, obispo auxiliar de Los Ángeles, señala que la película resuelve el problema central (la coexistencia del sufrimiento con el amor infinito de Dios) de una forma bíblica, según el libro de Job y la perspectiva total de Dios, “a la que no podemos ni aproximarnos".

 SENTIR LA PRESENCIA AMOROSA DE DIOS, UNA EXPERIENCIA GRATIFICANTE 

Es el amor, y no el sufrimiento, quien nos redime. En este sentido es correcto afirmar que Dios no quiere el mal, pero “lo permite” porque sabe que es una consecuencia inevitable de la creación. Dios debió considerar que, “a pesar de todo”, el mundo valía la pena: es mejor vivir que no vivir. A Dios no le resulta indiferente nuestro sufrimiento: Él también sufre por amor a los hombres (“me da un vuelco el corazón, se me estremecen las entrañas”, Os. 11,8). Hace todo lo posible por evitarlo pero sin suprimir nuestra dignidad, esto es, Dios ha querido luchar contra el mal a través de nosotros. Nos ha dotado de inteligencia para que, estudiando las leyes de la naturaleza, podamos vencer poco a poco los males físicos. Asimismo nos ha redimido, mediante la acción del Espíritu Santo, para con el recto ejercicio de la libertad hacer el bien y vencer el mal moral. Dios no es “todopoderoso” todavía, en el sentido de que la omnipotencia es más bien un atributo escatológico, que se hará patente al final de los tiempos[1]. 

Con esta película nos hallamos ante una herramienta muy útil para emprender el camino de sanación y conversión que nos permita, transitando por un mundo a menudo hostil y sufriente, la consecución de la ansiada paz del alma. Esta terapia de la misericordia, tan subrayada por el Papa Francisco, enfatiza la importancia de la transformación de la persona, y no tanto de las estructuras.

 Dios nos acompaña y proporciona sentido a nuestras vidas. Por tanto nos invita a no restringir la atención al “mundo natural”, con su invierno henchido de tristeza y angustia. En su lugar propone trascender al mundo sobrenatural de la cabaña, esa eterna primavera que nos tiñe de alegría esperanzadora, ofreciendo respuestas incipientes a preguntas que nos agobian.



[1] González-Carvajal Santabárbara, L.; “Ésta es nuestra fe: Teología para universitarios”, Sal Terrae, 1989, 10.ª edición.