Ficha técnica "Proceso a Jesús"

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CINEFORUM DE VALORES (VII TEMPORADA, 35.ª SESIÓN)

 

 “Proceso a Jesús”

 

18 de marzo de 2018 a las 18:00 horas

 

FICHA TÉCNICA   

 

Dirección: José Luis Sáenz de Heredia. Guión: José Luis Sáenz de Heredia, Julián Cortés Cavanillas y José María Sánchez Silva, mediante adaptación de la obra de teatro “Processo a Gesù” de Diego Fabbri. Duración: 101 mins. País: España. Año: 1973.

 

SINOPSIS

 

Un grupo de judíos sefarditas, descendientes de los que fueron expulsados en el siglo XV, protagonizan en una sinagoga de Toledo una obra llamada “Juicio a Jesús” con la intención de “revisar y discutir a corazón abierto” el proceso de Jesús. Se formulan dos preguntas: la primera es saber si Jesús de Nazaret era inocente o culpable y, la segunda, si fue condenado injustamente. Pese a la apariencia de seriedad el proceso comienza como un juego a modo de representación ficticia donde los actores asumen la psicología e interpretación de su personaje bíblico respectivo. Sin embargo la trama se va complicando y cada uno, en la medida en que descubre su implicación en la Crucifixión, procura desprenderse de su mala conciencia, involucrándose además el público en el realismo del debate.

 

Por primera vez en las muchas representaciones que llevan realizadas, el veredicto no versará solo sobre la acusación de Jesús. En la que será la última representación hay un nuevo reto, un delito de sangre: la muerte de uno de los miembros de la compañía. Podríamos hablar de una representación dentro de la representación.[1]

 

PRESENTACIÓN Y DESARROLLO

 

La obra que ejecutan los miembros de la compañía versa sobre la biografía de Jesucristo desde su encarnación, centrándose el debate en dos aspectos: la impostura de proclamarse Mesías de Israel y las actividades punibles que ha desarrollado tanto en el ámbito religioso como desde el punto de vista del orden público. Seguidamente se anuncia la actividad y predicación de Jesús: desde el Sermón de la Montaña a sus milagros, pasando por la llamada a los doce apóstoles.

 

DESENLACE

 

El punto culminante de la película, como afirma el presidente del tribunal, es la muerte de Jesús. Y aquí se plantean diversas preguntas. ¿Por culpa de quién ha muerto? Si llegan a la conclusión de que ni Caifás ni Pilato son culpables, quizá es que, como dice el acusador de Jesús, “todos somos culpables: los judíos, los romanos, los presentes”.

 

El desenlace se aproxima, llegado el momento de emitir una sentencia que ha de ser consensuada por todos. Como cada año parece que Jesús será condenado, pero este año sucede lo insólito. El público empieza a participar activamente mediante el uso de la palabra, suscitando cuestiones complejas y lacerantes críticas: la naturaleza humana y divina de Jesús, el celibato de los sacerdotes, la ausencia de pobreza en la Iglesia, la omnipotencia de Dios y su “escasa eficacia” en la transformación del malvado y perverso corazón de la humanidad… ¿No resulta evidente que el hombre del siglo XX, dotado de la ciencia y de la técnica modernas, ha prescindido de Dios para solucionar sus problemas”.

 

El sacerdote replica que el Espíritu de Jesús se ha quedado en el mundo: en la misma sala donde están se percibe, si están abiertos, puesto que anida en cada uno de nosotros. Lo corroborará, en primer lugar, la prostituta: “la gente como yo […] si no tuviéramos la seguridad de que Cristo viene a perdonar, a salvarnos, nos desesperaríamos […] cómo podemos tener esperanza si a Él, nuestro único consuelo, también lo condenan. Déjennoslo”. Asimismo un joven que se define como un hijo pródigo también admite que “necesito saber que tengo un padre que el día en que me muera va a perdonarme y me va a dejar entrar en su casa así como soy: un golfo. No condenen a ese Jesús”. Finalmente un ciego también suplicará: “No lo condenen. Déjenme que vea una esperanza”. De nuevo el sacerdote toma la palabra. “¿No son huellas de un Dios omnipotente?” Se trata de la conciencia cristiana, que se reactiva. Pero todavía hay quien duda, pues si no ve no cree. El presbítero insiste: “El poder ver a Dios en directo no es cuestión de ciencia, sino de fe”.

 

El final del juicio vendrá de la mano del presidente del tribunal, para quien lo que ha acontecido está fuera de toda previsión. Por eso, y ante los testigos escuchados, “no podemos dudar de que aquel que fue juzgado y crucificado en el Calvario es quien sostiene la esperanza más grande del mundo”. Jesucristo, a quien no hemos visto pero de quien tenemos la sensación de su presencia casi física, será absuelto para siempre. El juicio ha acabado y simultáneamente se dilucida el drama del asesinato entre los actores…

 

LA MUERTE DE JESÚS ES CONSECUENCIA DE SU OBRAR Y RESPONSABILIDAD UNIVERSAL

 

Hoy es claro que la muerte de Cristo fue la de un inocente (el inocente por antonomasia) que, después de más de dos mil años, todavía pesa sobre la humanidad. Se la buscó Él porque su relación de fidelidad con el Padre le obligaba a ello, predicando que Dios ama incondicionalmente a todos los hombres y que el Reino de Dios ha llegado, abierto a quienes deseen convertirse y comportarse con Dios y con el prójimo en justa reciprocidad al don recibido.

 

La superposición de dos hechos luctuosos (las muertes de Jesús y del miembro de la compañía) acaba por convertir el juego escénico en un proceso no ya de Jesús sino de aquellos que han contradicho a Jesús en el fondo de sus conciencias. Es una interpelación inquietante sobre la responsabilidad de todo el género humano, pasado y presente, en la gran tragedia del Calvario. La muerte de Jesús es consecuencia de su obrar. Algunos judíos han propuesto que el Estado de Israel revise el proceso, con buena intención y quizá también con algo de ingenuidad, pensando que judíos y cristianos mejoraríamos nuestra relación. La idea en el fondo no tiene mucho sentido. Quienes condenaron a Jesús fueron Caifás y Pilato, pero el que en verdad lo mató fue el pecado del mundo, cuya fuerza tenemos que descubrir y desterrar de nosotros mismos.

 

 

Si el advenimiento de Jesús tuviera lugar en la actualidad, ¿acaso no le infligiríamos el mismo trato, idénticamente ilícito? La permanente vigencia del drama del Gólgota es una acusación para los hombres, incapaces de soportar las acusaciones y repulsas que merece el mundo de ahora, rebosante de injusticias y que hemos construido entre todos. Sin embargo, como sugiere la película, la esperanza todavía pervive, abierta al prodigio de la reflexión y de la fe.



[1] Claveras, M.; La Pasión de Cristo en el cine, Ediciones Encuentro, 2010.