Si Dios quiere

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CINEFORUM DE VALORES (VII TEMPORADA, 33.ª SESIÓN)

 

 “Si Dios quiere”

 

26 de noviembre de 2017 a las 18:00 horas

FICHA TÉCNICA   

 

Dirección: Edoardo Falcone. Guión: Edoardo Falcone y Marco Martani. Duración: 87 mins. País: Italia. Año: 2016.

 

SINOPSIS 

Tommaso es un afamado cardiólogo romano, de mentalidad positivista y atea y personalidad prepotente, arrogante y orgullosa. Casado y con dos hijos, su familia destila felicidad, si bien esconde muchas frustraciones y rencores. Tommaso, aparentemente moderno, liberal y tolerante, sospecha que su hijo es homosexual, circunstancia que no le causa excesiva preocupación. Sin embargo Andrea, prometedor estudiante de Medicina, decide reunir a la familia para comunicarles su decisión de encaminarse hacia el sacerdocio. Cuando Tomasso, visiblemente contrariado, por fin se atreve a conversar con su hijo para indagar sobre su vocación, Andrea le confiesa que se debe a los encuentros pastorales de jóvenes católicos organizados por don Pietro, un carismático y atractivo cura con ribetes de telepredicador por quien siente una profunda admiración. Su catequesis cautivadora les invita a soñar y a optar por Jesús, que colmará todos sus deseos mediante el ejercicio de la solidaridad y la compasión, el cumplimiento de la obligación moral de amar al prójimo y la reivindicación de valores espirituales en una sociedad dominada por el materialismo. 

Decidido a desbaratar el proyecto de su hijo, a quien considera engañado por un embaucador, Tommaso urde un plan consistente en acercarse al religioso mediante una identidad falsa para descubrirle supuestas conductas inapropiadas y así desenmascararlo ante Andrea. No solo fracasará en su intento sino que, descubierto por don Pietro, se ve obligado a colaborar en la restauración de la iglesia como justa “penitencia” y condición para que Andrea no tenga conocimiento de la perversa estratagema de su padre. Será el comienzo de una sucesión de cambios en el devenir de todos los personajes de consecuencias imprevisibles. 

“PROBAD A JESÚS, SABOREAD SU PALABRA […] Y OS DARÉIS CUENTA DE QUE YA NO OS FALTARÁ NADA” 

Nos hallamos ante una película que se nutre de la mejor tradición de la comedia italiana, bajo cuyo aspecto sencillo y divertido se desgranan abigarradamente cuestiones como la libérrima voluntad de Dios, el descubrimiento y genuino sentido de la vocación cristiana y sacerdotal o el prejuicio antirreligioso. Con carácter general trasluce una reivindicación muy loable del hecho religioso en las sociedades avanzadas. Situaciones que antaño eran consideradas sospechosas (culturales, personales, sociales, sexuales, etc.), cuando no condenadas, hoy son afortunadamente acogidas con normalidad casi absoluta. Por el contrario el hecho religioso, otrora omnipresente en todos los ámbitos, hoy es visto como sospechoso por parte de muchos, y, en el mejor de los casos, reducido a una dimensión estrictamente privada de la que no cabe extraer ninguna recomendación de utilidad individual o social. 

Durante el mes de duro trabajo de reformas en la iglesia asistimos a un duelo de titanes en el que Tomasso se va transformando merced al contacto con don Pietro. El sacerdote le recuerda que su profesión, aunque salvadora, no le otorga condición divina y sigue siendo un ser humano: más aún, la muerte a menudo sobreviene sorpresivamente, “como un ladrón de noche”, según expone san Pablo. Así Tommaso descubre las claves de su comportamiento sacerdotal ante cualquier situación difícil: ayudar, interceder, escuchar, visitar, sentir, compadecer, rezar… De este modo los valores de Tommaso (eficacia, autosuficiencia y superioridad) entran en crisis desbordados por esa honesta sinceridad que ha fascinado a su hijo. Comprueba la grandeza de las pequeñas cosas, que le abren los ojos a realidades antes ocultas para él, como la ayuda al otro, la alegría, la sencillez o el amor a su familia. En este proceso de maduración emocional se hace consciente de su soledad y del trato despectivo que ha brindado al resto de su familia, necesitada de una urgente reconstrucción. 

Incluso don Pietro llevará a Tommaso al paraje confidencial donde se repone en los momentos de tristeza, confiándole su existencia pasada, no exenta de oscuridades, y su proceso de conversión. Él nunca se siente solo, siempre contando con la presencia de Dios: la contemplación de la maravilla de la Creación confirma su creencia en el Padre. Es entonces cuando Tommaso, ateo o más bien agnóstico, empieza a abrirse al misterio y a hacerse preguntas sobre Dios. Muchos lo encontraron en el desierto y Elías en una suave brisa. Finalmente Jesús nos revelará el rostro de Dios impreso en los más pobres, enfermos y excluidos. 

Andrea y sobre todo don Pietro hacen honor a la afirmación del poeta francés Paul Claudel: “Habla de Cristo solo cuando te pregunten por Él. ¡Pero vive de tal modo que te pregunten por Él!”. Ser cristiano es seguir a Cristo, viviendo según su modelo. La santidad no es privilegio de una minoría, sino sentirnos protagonistas de la historia con el acompañamiento de Jesús. Tal y como afirmó el Papa Francisco en la JMJ de Río 2013, “no queda más que caminar”, seguros de que los que nos rodean, al percibir nuestro rumbo bien definido, se van a contagiar y empezarán a caminar también, aunque no sea exactamente en el mismo sentido que nosotros. De esta forma le sucede a Tommaso, en cuyo ser se introduce Dios gracias a la mediación de don Pietro, para así poder resucitar de su actitud infecunda. 

Por ello es precisa una necesaria complementariedad de la ciencia y de la fe, del cuerpo y del alma, de lo material y lo espiritual. Tommaso representa lo primero, lleva una vida inerte y “extiende muerte” a su paso, aunque salve vidas en el hospital. El descubrimiento de lo segundo, sin realizar ninguna profesión explícita de fe, humaniza profundamente a la persona, que queda vivificada e irradia vida a su alrededor. Late aquí una simpática llamada a la tolerancia. Cuando nos acercamos a las personas que con sinceridad buscan a Dios, caen los prejuicios y las miradas cortas y mezquinas, nos enriquecemos y aprendemos más de nosotros mismos. Finalmente la aceptación humilde de la imperfección propia y el respeto a la verdad, dejándonos modelar por Dios, serán el primer escalón para ser mejor persona. 

            La película, bajo esa textura de amable comicidad, parece que aborda el sentido de las decisiones que toman los protagonistas. No obstante en realidad el foco de atención son las decisiones que toma Dios. En estos tiempos de pesadumbre nos interpela a reflexionar sobre el sentido de la vida: no se trata de creer en ciencia o en religión, basta simplemente con creer. 

Al final se produce un giro inesperado. Tommaso abandona la escena principal y se marcha para hacer algo importante. Intuimos que en ese momento quizá se ha completado su itinerario de renovación personal. ¿A qué se debe la caída del fruto de un árbol? ¿A la fuerza de la gravedad o… al título de la película? A nuestro modo de ver, todo queda en manos de Dios. En cuanto a Tomasso, ríe…