Ficha Técnica de Resurrección

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CINEFORUM DE VALORES (VI TEMPORADA, 31.ª SESIÓN)

 

 “Resucitado”

 

7 de mayo de 2017 a las 18:00 horas

 

FICHA TÉCNICA   

 

Dirección: Kevin Reynolds. Guión: Paul Aiello y Kevin Reynolds. Duración: 107 mins. País: Estados Unidos. Año: 2016.

 

SINOPSIS

 

El tribuno Clavius recibe el encargo de Poncio Pilato de velar por la seguridad en el proceso de crucifixión y sepultura de Jesús ante la eventualidad de cualquier tipo de alboroto popular en vísperas de la visita del emperador a Galilea. Todo discurre con normalidad hasta que Jesús desaparece del sepulcro. Bajo la orden de localizar el cuerpo perdido de Jesús, Clavius empieza a investigar y a interrogar a testigos y discípulos de Cristo, recibiendo mayoritariamente la versión de que el cuerpo no ha sido robado, sino que Jesús ha resucitado y está vivo. Clavius, cada vez más presionado por Pilato, decide averiguar la verdad a toda costa con el fin de impedir un inminente levantamiento en Jerusalén y acallar los rumores de que Jesús es el mesías liberador de Israel.

 

CARÁCTER SOTERIOLÓGICO DE LA RESURRECCIÓN

 

La cuestión de la Resurrección, inédita hasta ahora en el mundo cinematográfico, es abordada en esta historia de “no ficción” enfatizando su consideración de afirmación cardinal de la fe cristiana. Los relatos evangélicos de los diversos “encuentros” de los discípulos con el Señor presentan un mismo esquema en tres fases: presencia inesperada, reconocimiento y misión. Sin embargo la película muestra que “lo ocurrido” a Jesús se extiende a todos: “Id y haced discípulos a todas las naciones…” (Mt 28,19).

 

CLAVIUS, ESCÉPTICO PERO PERSONA

 

Clavius es un soldado y personaje de su tiempo que encarna la mentalidad genuinamente romana: diligente, pragmático, positivista y racionalista. Por ello mismo no desdeña lo religioso (reza a Marte a diario) y no podrá evitar preguntarse seriamente por la verdadera naturaleza de Jesús. Él participa en la muerte de Jesús y lo ve expirar  para después contemplarlo de nuevo, pero vivo. La incapacidad de ofrecer una explicación racional a tan desconcertante suceso afianza su incredulidad inicial. Las simas de nuestro ser nos interpelan a buscar el auténtico sentido de la vida, una verdad más profunda que se sitúa fuera de lo cognoscible empíricamente, intrigante y extraordinario. Sería una realidad ubicada en este mundo, pero que no le pertenece, pues alcanza la razón y el sentimiento sin poder ser abarcada completamente por ninguno de ellos. Es en ese ámbito donde prende el encuentro con el Resucitado, entendido como revelación de Dios.

 

EL DESPERTAR DE LA FE Y SUS CONSECUENCIAS, PERO TAMBIÉN LA PROFUNDIZACIÓN EN ELLA

 

La película nos ofrece una catequesis para un camino de auténtica conversión a la fe empleando al efecto dos herramientas. Por un lado mediante la experiencia mística del encuentro personal y directo con Dios. Se trata de percibir, superando la dualidad sujeto/objeto, que Dios no es una realidad externa sino que está tan fuera como dentro de mí. El Señor resucitado tiene que ser reconocido con los ojos de la fe, sin que se sepa qué sucede antes: si uno cree porque el Señor se le aparece o si el Señor se aparece al que ya ha recibido y aceptado el don de la fe. En realidad son dos elementos que discurren interrelacionados y dan lugar al nacimiento de una persona nueva.

 

En segundo lugar la praxis deviene también en vehículo perfecto para asumir la creencia en Dios. Testigo de excepción de los orígenes del cristianismo, Clavius se halla convencido inicialmente de que todo se debe a un complot de sus seguidores para engrandecer su figura de Jesús. Sin embargo, cuando entra en contacto con los apóstoles y conoce a María Magdalena, comienza a albergar dudas. ¿Cómo es posible que aquella frágil comunidad de amigos, aturdidos por la Resurrección de su maestro, practiquen con tanta intensidad y alegría la caridad y el amor entre sí?

 

La fe, una vez asimilada libre e individualmente en su significado más profundo, es la puerta para entender y compartir valores tan esenciales como la piedad, el perdón, la misericordia y las segundas oportunidades. El encuentro con Jesús resucitado precipita siempre la transformación del corazón humano, que libera del pecado y nos convierte en caminantes y buscadores de la verdad y la vida, con la gracia gozosa de sentirnos amados y perdonados por Dios. Ésa es la consecuencia y el rostro más hermoso del Misterio: ofrecernos un itinerario de redención que, a través de la Resurrección, nos garantiza un plan de salvación.

 

Aunque la película enfoca el alumbramiento de la fe desde la perspectiva del no creyente, sus enseñanzas bien podrían fortalecer la nuestra, siempre necesitada de mejora. En efecto el hombre occidental del siglo XXI se asemeja más al escéptico Clavius que a un judío discípulo de Jesús. Como admite Clavius ante Pilato, lo que él busca realmente en la vida es "un día sin muerte". Y nos podemos formular sus mismas preguntas: ¿cómo procesar que pueda existir vida después de una muerte inexorable? ¿Por qué luchar por una sociedad libre e igual si cuando se logre yo habré muerto sin llegar a verla?

 

LA FE EN LA RESURRECCIÓN

 

El contenido de la Resurrección puede sintetizarse en cuatro puntos[1]:

 

- Dios es fiel: Jesús va la muerte porque asume el compromiso que Dios le pide, respondiendo Dios a esa fidelidad (“Dios salvará al justo, porque le ama”, salmo 22, 9).

- Jesús vive: Está vivo en el Ser de Dios para nunca más morir.

- Jesús tenía razón: Dios es amor incondicional y las relaciones entre los hombres han de ser las propias de unos hijos de tal Padre.

- El sentido de la vida está en ser como Jesús: Estamos aquí para morir y resucitar como Jesús. Por eso nos ha salvado.

- Fundación de la Iglesia: Es el grupo de personas que confiesan que el Señor vive y que orientan su existencia sobre los cuatro puntos anteriores. En ese itinerario de Jesús está el sentido del mundo y la historia.

 

 

En definitiva la Resurrección de Cristo permite contestar a la pregunta para la que ningún humanismo ateo tiene respuesta: ¿qué sentido tiene perder la vida por los semejantes? O, simplemente, ¿para qué vivir si nos vamos a morir inevitablemente? Así pues ahora podemos, como Jesús, vivir sin miedo a morir y morir sin perder la vida: “Somos el cuerpo de aquella Cabeza en la que se ha realizado ya el objeto de nuestra esperanza” (San Agustín).

 



[1] Busto Sáiz, J.-R.; “Cristología para empezar”, Sal Terrae, 8.ª edición, 1991, págs. 105 y ss.