Ficha Técnica "Milagros del Cielo"

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CINEFORUM DE VALORES (VI TEMPORADA, 29.ª SESIÓN)

 

 “Los milagros del cielo”

 

26 de noviembre de 2016 a las 18:00 horas

 

FICHA TÉCNICA    

Dirección: Patricia Riggen. Guión: Christy Beam y Randy Brown (basado en el libro homónimo de Christy Beam). Duración: 109 mins. País: Estados Unidos. Año: 2016. 

SINOPSIS 

La plácida existencia en Tejas de la familia Beam, piadosa y feliz, se ve alterada por el descubrimiento de que Anna, una de sus tres hijas, de 10 años, padece una rara y grave enfermedad (pseudoobstrucción intestinal crónica infantil). Entonces su madre Christy empezará a desarrollar una fervorosa devoción religiosa en paralelo a la búsqueda de la curación médica de su hija, cada vez más improbable, prolongada y costosa. Después de que Anna tenga un extraño accidente en un árbol sucederán hechos extraordinarios que dejarán desconcertados a los médicos y a toda la comunidad. 

SENTIDO TEOLÓGICO: MILAGROS Y FE, UNA UNIDAD INESCINDIBLE 

"Hay dos maneras de vivir tu vida. Una como si nada es un milagro, la otra como si todo es un milagro” (Albert Einstein)

 Aunque inadvertidamente la película afronta con valentía la cuestión de los milagros desde un profundo sentido teológico. Resulta hoy cuestionable que Dios actúe contra las leyes de la naturaleza, obra de su creación. ¿Acaso tenemos un conocimiento exhaustivo de hasta dónde llegan dichas leyes? El milagro no es una irrupción de Dios desde fuera del cosmos sino una manifestación de su presencia dentro de él. El milagro es una iniciativa personal de Dios, una interpelación personal a los creyentes que se organiza a manera de “signos”. Únicamente a la luz de las palabras de Cristo adquieren sus acciones un significado preciso: Él es el gran signo. 

Jesús siempre rehusó practicar milagros cuando se lo pidieron como prueba evidente de su poder y autoridad divinas: cualquier intento de ello constituiría una desviación satánica, como se desprende del relato de las tentaciones en el desierto. Los milagros no dispensan al hombre de la decisión libre de la fe, por lo que solo se comprenden si son mirados con fe: “Tu fe te ha salvado” (Mc. 5,34). Son llamadas a la decisión personal de cada uno: “¿Qué hacemos? Este hombre está dando muchas señales” (Jn. 11,47). Por tanto el milagro se presenta en los Evangelios como una respuesta de Jesús al hombre que se le acerca con sencillez y confianza expresando su fe en forma de súplica dirigida al Señor. Pero el milagro no es una demostración palmaria que convierte a la fe en la simple conclusión lógica o la constatación palpable de la divina de Jesús. El milagro como tal solo es reconocible por el creyente: un regalo entre amigos solo ostenta tal condición porque ya existe amistad.[1] En definitiva la presente película puede servirnos para descubrir el sentido verdadero de los milagros, esto es, la manifestación en hechos sensibles de la conciencia que Jesús tenía de sí mismo y de su pretensión salvadora. 

LOS MILAGROS DE VIVIR, DE AMAR, DE LA FE Y DE COMPARTIR LA VIDA 

No puede extrañarnos que las creencias inquebrantables de Christy se resientan, madre abnegada pero perpleja e incapaz de entender que Dios permita el castigo de su hija con el flagelo de la enfermedad. La dureza de estos acontecimientos precipita la angustia familiar, que culmina cuando la pequeña, inmersa en un terrible sufrimiento, confiesa a su madre el deseo de morir. 

Frente a ello lo relevante del milagro en la película no es tanto el hecho prodigioso o la sanación médica, a primera vista inexplicables o aparentemente vulneradores de las leyes naturales, sino su poder transformador sobre la vida y la visión que tienen los personajes de ella. Christy comienza a descubrir otros muchos “milagros” hasta ahora imperceptibles: desde la amabilidad de un desconocido, hasta la compasión de un médico brillante, pasando por las conversaciones francas que renuevan el propósito y las creencias de la familia al completo. Se trata de maravillas que nos recuerdan el efecto multiplicador de amor y bondad que pueden tener un sencillo acto de compasión o una palabra amable, todos ellos con el sello inconfundible de Dios. Son milagros de fraternidad y perdón que cualquiera puede realizar a favor del prójimo porque en esencia emergen de los instintos más genuinamente humanos. También nosotros nos enfrentamos en ocasiones a momentos cruciales de dolor, tristeza, desesperanza o abatimiento en los que no parece haber salida ni opciones de seguir adelante. Cuando nuestros asideros diarios parecen difuminarse cobra vigor la exuberante belleza y bondad de la vida, puro don gratuito que nos encarrila de nuevo en el tránsito de la existencia e incluso nos puede cambiar por completo. 

La película también nos introduce en la vivencia de la fe, ese tesoro en humildes vasijas de barro (2 Corintios 4) reverdecido aquí con un mensaje entusiasta y lleno de alegría. El poder de la fe permite superar cualquier crisis, pero también premia a las personas que, pese a su “noche oscura”, luchan por la vida y por los demás y nunca se rinden. Incluso la pequeña Anna se apoya en Dios para sobrellevar mejor su sufrimiento. Dios nunca deja de acompañarnos en este itinerario conmovedor de encuentro con lo que ahora hace y es para nosotros.

 El valor de la fe se percibe en la pasión y en el esfuerzo de avanzar, de continuar creyendo en un camino hacia delante, incluso en los momentos de incertidumbre, ante las preguntas universales de la vida y la muerte. La esperanza, junto con la fe, se convierte en el mejor aliado para superar la adversidad. De ahí la fuerza arrolladora de una madre que lucha por la recuperación de su hija en medio de las luces y sombras de la vida.

 Según nos plantea la película, tanto esta vida revalorizada como la fe prosperan con mayor fecundidad en el ámbito de la familia y de la comunidad, auténticos soportes en el desarrollo madurativo y afectivo de cada persona. Tomar conciencia de este sano sentido de la colectividad asegura una vivencia más auténtica de la condición humana. 

En definitiva “milagro” es toda la actividad de Dios (sus hazañas, sus obras, sus maravillas…), siendo secundario que se muestre de un modo más o menos espectacular o inesperado, pues lo decisivo es que conduce al hombre a la salvación a través de su paternidad amorosa. En consecuencia nos corresponde actualizar “el milagro de nuestras vidas”, consistente en aceptar cuanto nos sucede y saborear todos y cada uno de los momentos valiosos que nos brinda la vida como un regalo de Dios. Para el éxito de esta tarea no es preciso un artificio sobrenatural, sino deleitarse en el amoroso encargo divino de ser sujetos activos y pasivos del amor y la misericordia de Jesús. 

 



[1] García Pérez, J., SJ., “Teología II: Cristología”, apuntes del curso 1994-1995, Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE.