La Fe

 

“El que invoca el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo van a invocarlo sin creer en él? Y ¿cómo van a creer sin oír hablar de él? Y ¿cómo van a oír sin el anuncio de la Palabra? (Romanos 10,8s.).

Se cruza el umbral de la fe que nos lleva a la comunión con Dios CUANDO LA PALABRA DE DIOS SE ANUNCIA. …La Palabra de Dios se anuncia, y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Un camino que dura toda la vida”.

Yo pienso que tener Fe, es creer que TODO tiene sentido, aunque no alcancemos a comprenderlo del todo. Tener Fe es aceptar el riesgo de fiarse de Dios aun en medio de la oscuridad inherente a la misma Fe. Tener Fe es caminar siempre, saber que nuestras preguntas tienen respuesta, aunque de momento no la encontremos plenamente. Es VIDA… y es viviéndola como crece y se refuerza, y no simplemente sabiéndose los dogmas uno a uno.

TODO tiene sentido, porque contempla la VIDA como un TODO. Y la vida tiene muchos matices. Estamos inmersos en ella, y lo importante es vivirla conscientes de esta infinidad de matices. Y vivirla en profundidad.
Recuerdo la anécdota de un muchacho declarando en clase: “Solo acepto lo que veo y toco…, por eso he sido, soy y seré ateo”. Y la respuesta del profesor: “Yo acepto otras muchas cosas que no se pueden tocar ni fotografiar: la verdad, la fidelidad, el amor, la honradez…, por eso he sido, soy, y espero ser siempre creyente.

El hombre debe estar siempre abierto a otra cosa. El creyente, incluso, solo puede decir algo como esto: “confío en guardar siempre mi fe”.

De la misma manera que el creyente se siente continuamente amenazado por la incredulidad, que es para él su más seria tentación, así también la fe será siempre tentación para el no-creyente y amenaza para su mundo, al parecer cerrado de una vez para siempre.
Nadie puede poner a Dios y su reino encima de la mesa
, y el creyente, por supuesto, tampoco. Digámoslo de otro modo: tanto el creyente como el no-creyente participan, cada uno a su modo, en la duda y en la fe, siempre cuando no se oculten a sí mismos y a la verdad de su ser. Nadie puede sustraerse totalmente a la duda o a la fe.

La fe se refuerza y crece viviéndola, pero no como unas verdades que sabemos de memoria, o no sabemos, sino como un dinamismo de VIDA que me invita a caminar…

(Fragmentos de un texto de José Alegre, Abad de Poblet)